DIONISIO TASENDE HERNÁNDEZ

(1918 – 2010)


FOTOGRAFÍA Y BIOFILIA
por Dionisio Tasende González

El fotógrafo en su estudio.

La del alba sería…, o más temprano, un día del año 2001, como tantos otros días, nuestro fotógrafo ha madrugado. Dionisio entra en su estudio, todo es silencio, enciende una lámpara, sobre la mesa un lápiz, una libreta con anotaciones y un mapa con su próxima ruta marcada. Se sienta y  afloja su corbata, su mirada se detiene en un antiguo álbum y en unos archivadores; empieza a revisar con calma algunas fotografías, son el resumen de una vida, en ese instante, en su mente, el tiempo comienza a transformarse en espacio…

13 Mayo 1939. Guerra Civil. Astudillo (Palencia).

Jugando una vez más con la muerte, unos soldados representan un fusilamiento simulado. Nuestro fotógrafo observa la escena con su cámara fotográfica y enfoca a uno de los soldados, a su compañero y amigo Francisco. Francisco se gira hacia la cámara.

– ¡Dionisio dispara!

Tras 21 meses de campaña en un infierno de penurias, Dionisio cree oír una vez más la orden ¡Fuego muchachos!…Tiene un momento de duda, se encuentra débil, enfermo y desmoralizado, pero acompañado en todo momento por su cámara. Finalmente consigue apretar el disparador. Rápidamente pasan por su mente imágenes de su familia, sus amigos, sus compañeros de estudios, imágenes que fotografió con la cámara que compró a los 14 años con sus primeros ahorros, sus ilusiones y sueños juveniles definitivamente truncados por la guerra…

12 Agosto 1943. Santa Cristina. Oleiros (A Coruña).

Los integrantes del “Grupo Biofilia”  forman un castillo humano en la playa. El doctor Álvaro Paradela, escritor, poeta, filósofo, profesor e inventor de palabras, recordado hoy día como creador del término Ferrolterra, dirige el “Grupo Biofilia” cuyo lema es “Amor a la vida sana”. Álvaro Paradela, con gran humanidad y carisma, los orienta en la práctica de la gimnasia medicinal, al aire libre y respirando aire puro, infundiendo en el grupo los valores del deporte, la amistad, la defensa del medio ambiente y el amor a la vida en contacto con la naturaleza. Dionisio, rodeado de buenos amigos, como Pepe Salgado Torres, Fernando Torres Ozores, Víctor Cordido López, y motivado por las enseñanzas y el ejemplo de Álvaro Paradela, toma un nuevo impulso en su vida…

2 Octubre 1955. Monasterio de Sobrado dos Monxes (A Coruña).

Don Ángel del Castillo, historiador y Presidente de la Real Academia Gallega de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario, dirige la visita al monasterio de Sobrado dos Monxes. El grupo de visitantes rodea al historiador y escucha con atención sus explicaciones, Dionisio enfoca al grupo con su cámara, las palabras de D. Ángel del Castillo resuenan entre las ruinas del claustro de los peregrinos:

-¡Qué pena ver caer destrozadas por la avaricia y el desprecio de unas gentes sin cultura y sin conciencia aquellos viejos sillares!… por quienes no aciertan a comprender lo que heredaron… Y así desaparece el patrimonio artístico de Galicia, abandonado a la rapacidad de las gentes y a las miserias de los hombres… ¡Qué pena!”

En 1955 Dionisio fotografía también los monasterios de Monfero, Ribas de Sil, Osera, Celanova y San Clodio, monumentos, pueblos y lugares de Galicia, algunos especialmente emotivos, como la visita a la tumba del pintor Joaquín Vaamonde en Meirás, y la sugerente y expresiva fotografía a D. Ángel del Castillo ante el monumento a Curros Enríquez, del escultor Asorey, en Celanova. Las enseñanzas de D. Ángel del Castillo, y la lectura de sus libros, guían a Dionisio en el conocimiento de la riqueza monumental y artística de Galicia. En estos viajes nuestro fotógrafo se interesa intensamente por el mundo rural gallego. Escenas de paisanos y labriegos en San Clodio, Coirós, As Pontes y Dozón, la feria de Rábade, la procesión de la Virgen del Rosario en Sobrado, la romería de la Virgen de Cela en Monfero… Su mirada se detiene observando escenas de hombres y mujeres en pueblos, ferias y romerías…

14 Julio 1956. Plaza de las Bárbaras. A Coruña.

Nuestro fotógrafo se oculta agazapado detrás de un coche en la Plaza de las Bárbaras. Ha captado el ambiente del lugar y ahora busca un nuevo encuadre. Se mueve ágil, dando unos pasos agachado y sin hacer ruido. Otros dos fotógrafos rodean el coche en actitud similar, parece que estamos ante una batalla  de fotógrafos. Son tres de los integrantes de la Sociedad Fotográfica de A Coruña.  Todas las semanas, con gran ilusión por aprender y una amistosa y deportiva competencia, organizan expediciones fotográficas. La fotografía es su gran pasión…

6 Diciembre 1964. Puerto de A Coruña.

El fotógrafo caminante regresa a casa en la mañana de un frío domingo. Desde hace años sale de madrugada caminando hacia el muelle del puerto con sus cámaras al hombro, buscando de forma incansable, una y otra vez, los contraluces del amanecer. Hoy ha conseguido lo que perseguía, vuelve a casa con una buena fotografía. Los marineros que ha fotografiado celebraban su buena faena con una sardiñada en la cubierta del barco, él espera celebrar su buena faena fotográfica; llegará a tiempo para desayunar con la familia. Se imagina la fotografía ampliada, la escena de los marineros y la luz filtrada por el humo que ha captado con gran naturalidad. Sigue y sigue caminando, con la satisfacción del trabajo bien hecho; pensando en la fotografía, su pasión, y en la biofilia, su devoción…

24 Enero 1965. Iglesia de Santa María del Azogue. Betanzos (A Coruña).

En el atrio de la iglesia de Santa María del Azogue los días de feria, unos venden, otros compran, otros no se sabe si venden o compran, hombres y mujeres; mientras, los niños juegan, y Dionisio observa, esperando pacientemente a que, como suele decir, se presente el asunto. Hoy ha captado en una escena espontánea el ambiente y la atmósfera mágica del lugar. Ya comienza a pensar en la sesión de laboratorio del próximo domingo; piensa en el revelador, en el papel Brovira y Portriga, parece que ya comienza a sentir el picor de ojos del laboratorio. Presentará la fotografía a los salones y concursos fotográficos. Algún día hará una exposición individual, pero no le  preocupa mucho la publicidad ni sentirse forzado…

10 Agosto 1965. O Carballino (Ourense).

Después de una larga caminata por la orilla del río Dionisio llega hasta un prado. Observa a un humilde paisano que camina pensativo y cabizbajo pero con paso firme; el hombre se dirige a un molino. Dionisio se acerca con curiosidad, se detiene a fotografiar el alpendre del molino esperando que el hombre aparezca de nuevo. Es el molinero, es un hombre serio y de pocas palabras pero es amable y hospitalario. En su rostro tiene las señales de su esfuerzo en la vida, pero en su mirada se percibe una gran dignidad y entereza. El molinero está tranquilo, se deja fotografiar sin rehuir la mirada; los dos primeros encuadres con el alpendre al fondo, el tercero más cercano, con las manos apoyadas en una vara, el cuarto enfocando su rostro.

Dionisio se ha identificado con este anónimo y sencillo personaje que se ha mostrado con naturalidad y sencillez, tal como es, ante la cámara; ha hecho el retrato de su vida…

11 Septiembre 1974. Romería de Los Milagros de Amil. Moraña (Pontevedra).

El autobús de Los Milagros de Amil va hasta los topes. Cuando el autobús echa a andar, la gente se va acoplando. El conductor se dirige con voz autoritaria a los pasajeros.

-¡Los del pasillo, agáchense! ¡Si nos ven pueden parar el autobús!

Los sumisos viajeros comienzan a agacharse. Una señora advierte a un señor y a su hijo.

-¡Agáchense que pueden vernos! ¡Agáchense!

Una mujer de luto reza nerviosa.

-¡Dios mío, que no paren el autobús, tenemos que llegar!

Los viajeros agachados sufren las curvas de la sinuosa carretera. Dionisio de pie en el pasillo, observa a los viajeros, mantiene el equilibrio, abraza y protege sus cámaras. Seguro de sí mismo, viaja a Los Milagros de Amil dispuesto a cumplir su particular promesa.

– ¡Temprano, tengo que llegar muy temprano!

Nuestro madrugador fotógrafo sabe lo que busca, no va a documentar la procesión, quiere anticiparse, busca las escenas previas; sabe que las escenas se van a presentar antes de que sucedan los acontecimientos. Dionisio llega muy temprano, la gente está comenzando a llegar al santuario, él sabe que este es su momento. Consigue captar los momentos de preparación, de reflexión, de soledad, las miradas que se cruzan entre familiares, los instantes más expresivos. Finalmente guarda sus cámaras tranquilo, la procesión ya ha comenzado, pero él  ha cumplido su promesa.

Su última fotografía.

Nuestro relato nos sitúa de nuevo en su estudio. Han pasado  algunos  años. Esta mañana Dionisio ha estado en el gimnasio con sus amigos de La Solana, y por la tarde, como tantas otras tardes prepara cuidadosamente sus cámaras. Él no lo sabe pero dentro de unas horas, a la puesta de sol, va a hacer su última fotografía. Se dispone a salir con Nena, su mujer. Apaga la luz de su estudio, se queda un rato en silencio, pensando, esperando hasta que llega Nena.

– Las cámaras, tengo que llevar las cámaras siempre conmigo… cuando no las llevo veo cosas estupendas…

Todos los derechos reservados © Dionisio Tasende

Diseñado por Dionisio Tasende González

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